sábado, 1 de octubre de 2022

Se hace Camino al andar

 Segundo día. Día intenso. He amanecido bien temprano en el Hostal de la Abuela, y en cuanto he empaquetado mis pertrechos me he echado a la calle. El fresco del recién estrenado otoño me ha dado la bienvenida mientras mis pasos me llevaban, atravesando la ciudad que bosteza, hasta la iglesia de Santiago, punto de partida del Camino de Madrid, mi Camino. Primera alegría, mi amigo Edu "Commedia" sale a mi encuentro. Me regala su abrazo y su compañía por un trecho.



He seguido caminando en dirección Norte. La ciudad que bosteza ya se ha despertado del todo, y el ruido y jaleo de esta mañana de sábado me hace desear dejar atrás cuanto antes Madrid. Pasada la Plaza de Castilla, empiezo a ver señales...



Y junto al cementerio de Fuencarral, el primer crucero.



Ese cielo azul tan precioso tiene un precio, y es que el calor aprieta de lo lindo. Pero no me importa, porque por fin la ciudad va quedando atrás, y me siento... Bueno, la foto lo dice todo.



Llegando ya a Tres Cantos, veo delante de mi un grupo de tres caminantes. Son peregrinos, los primeros que veo. Hay dos tipos de peregrinos, los que como ellos van despacio, hacen fotos, saborean el Camino. Y luego estoy yo, que voy a paso de carga como si me fueran a cerrar Santiago 😄. A pesar de nuestros ritmos tan distintos, nos da tiempo a saludarnos y desearnos "Buen Camino", no sé por qué pero no se me quita la sonrisa de la cara.

Y por fin, Tres Cantos. 31 km y pico, mis pies llevan un rato pidiendo la hora, y es que sumado esto a los 23 de ayer, son más de cincuenta los que curvan mi osamenta. Menos mal que, como un ángel caído del Cielo, viene el bueno de Juanlu a recoger a este peregrino, llevarle a su casa y darle reposo, cerveza y un caldo gallego que podría decirle al mismo Lázaro "levántate y anda".



Por la tarde, voy a la cercana iglesia de San Pablo VI a poner el sello en mi credencial. La iglesia es apenas un barracón, mi alojamiento está en la zona nueva de Tres Cantos y todo está como si hubiera salido de la Tierra la noche pasada. Hablo con el cura, Hugo, un argentino muy simpático pero que no sabe nada de sellos, y me manda a la parroquia de Santa Teresa, "está por ashá". "Ashá" resulta estar a más de 2 kilómetros (y otros tantos de vuelta), propina inesperada que mis pobres pies encajan estoicamente sin apenas quejarse. Sello y se me echa encima la hora de cenar, así que me siento en un restaurante cercano, Ca'Naia, sin muchas expectativas pero, sorpresas del Camino, ceno como un marqués. Pongo el menú porque sé que esto le gusta a mi hija Laura. Revolconas con torreznos:



Taco de cochinita pibil:



Y de postre un lingote de chocolate relleno de mango (lo siento, mientras una mano intentaba hacer la foto, la otra ya estaba hincando la cuchara)



Y nada más, ni menos, por hoy. Mañana será otro día.

Ultreia

Empieza mi último día en el Camino. Y empieza pronto, a las cinco y media estoy despierto con los ojos como platos. Me invade el cuerpo una ...