Hoy me he levantado temprano, aún la oscuridad era Señora del mundo. He empaquetado mis cosas (cada vez tardo menos, se va uno haciendo a la rutina del Camino) y me he puesto de patitas en la calle. He ido a una cercana tahona a desayunar, me he acercado al Ayuntamiento a sellar, porque ayer no pude hacerlo, y ale, a caminar. En pocos pasos ya había dejado atrás Manzanares, e iba bordeando la Pedriza, antesala del Guadarrama. Siempre se disfruta un paseo por "La Pedri", y si es en lunes más.
Cuando me he querido dar cuenta, ya estaba en Mataelpino, donde dos peregrinos han inmortalizado el momento - cartel anunciador.
He ido al Ayuntamiento de Mataelpino, y la mujer que estaba allí ha sido un encanto. Me ha sellado, me ha ofrecido fruta (me he llevado un plátano), y al darle las gracias me ha dicho "A ti por venir". Así da gusto 😊. A la salida del pueblo, el camino se torna en agreste sendero, poblado por peligrosas alimañas como esta pobre culebra de escalera que ha corrido a esconderse al ir a fotografiarla.
Me encanta pasear por nuestra Sierra, ¿no se nota?
Después de cruzar Navacerrada, solo 5k me separan de Cercedilla. He debido hacer 6 o 7, porque entre las flechas amarillas y el track del móvil hay ciertas discrepancias, cada uno indica un camino y yo he descubierto un tercero, el del medio. Pero bueno, finalmente he llegado a Cercedilla, donde el cartel de una clínica veterinaria me ha hecho reir y acordarme de Nico y Gordo.
Era una tarde tonta y caliente...
Lo que me ha hecho acordarme de mis hijos Natalia y Coki, "estoperos" de pro. No sé si será cosa del Camino o que ya tengo morriña, pero cada día veo algo que me recuerda a los que estáis en casa siguiendo esta insensata aventura. Gracias por estar ahí ♥️.
Mañana más.





