lunes, 10 de octubre de 2022

De mis soledades vengo

Cuando salgo de la casa rural con la aurora (no, no es ninguna amiguita), tengo ocasión de asistir al relevo de la guardia de las moscas. Qué espectáculo, me río yo de la Guardia Real en Buckingham Palace. El retén de moscas saliente se ha retirado en perfecto orden, mientras el entrante tomaba posiciones. Pero ¡ja! en cuanto he echado a andar ha empezado a caer una fina llovizna, y han tenido que replegarse. Santiago no olvida a los suyos.

Me tengo que poner por primera vez el chubasquero, pero casi lo agradezco, después de los días de sol y calor que he tenido. Y es que ese olor a mojado, como si fuera el aliento de la tierra que vuelve a la vida con la lluvia, me encanta. ¿Se nota?




Eso si, la lluvia no cambia la monotonía del paisaje. Imposible no recordar a Bécquer...

Un cielo gris, un horizonte eterno, y andar, andar. 




Llego a Fontihoyuelo, el primer pueblo del día. 34 habitantes censados. Ni un alma en las calles, una iglesia medio en ruinas, casas vacías y desvencijadas, un parque infantil que espera en vano la algarabía infantil... Se oye hablar mucho de la España vaciada, pero cuando la tienes delante en toda su crudeza... uf. 😕




Dejo atrás Fontihoyuelo y anda que te andarás llego a Santervás de Campos, patria chica del conquistador Ponce de León, cosa que los santervaseños no están dispuestos a que me pase desapercibida. Una estatua del ilustre hijo de la villa ya me pone en antecedentes.




Y el edificio de detrás es el albergue de peregrinos, que tiene anexo el Museo Ponce de León, que sólo abren por la tarde. Me acerco al albergue, hay dos mujeres que al ver que soy peregrino casi hacen fiesta. Iban a salir a comprar (aprovechan por las mañanas cuando aún no han llegado los peregrinos), pero posponen la salida por mí, me llevan dentro, me dan un café, bollitos caseros... Me abruman con su cariño 🥰. Sello y me despido con el "Buen Camino" de rigor, quiero darles algo por el café pero no me dejan. "Las gracias y ya está". Me voy, y no es la primera vez en el Camino, con una sonrisa indeleble en mi cara.

De camino al siguiente pueblo, la eterna lucha entre el hombre y el insecto se reanuda. La lluvia ha supuesto un alto el fuego momentáneo, pero con su cese las moscas se reagrupan y vuelven al ataque. Cualquier observador que me vea caminando en soledad por estos páramos, hablando solo o cantando mientras manoteo vigorosamente para ahuyentar las moscas, llegaría fácilmente a esa conclusión que todos estáis pensando 😄.

Manoteando llego a Arenillas de Valderaduey, primer pueblo de la provincia de León. No tiene mucho que envidiar a Fontihoyuelo. Casas arruinadas, una iglesia que se cae a cachos... Solo me cruzo con una paisana, que ante mi saludo (saludo a todo el mundo) me responde "Feliz Camino". Mira, es una variante.



Salgo de Arenillas y voy un poco cansadete, mi ritmo creo que se resiente, me hago un selfie que lo confirma.




El Camino discurre a la vera del río Valderaduey...




... Hasta Grajal de Campos, pueblo con imponentes restos de un pasado glorioso, incluido un señor Castillo. Aquí el sol ya calienta y las moscas están a sus anchas.




Último empujón, últimos kilómetros del Camino de Madrid. Sahagún me recibe al fin, después de 38 kilómetros, estoy tan contento que hasta me olvido de las moscas y me hago una foto con el primer tipo con pinta de peregrino que veo.




Es el final del Camino de Madrid. He recorrido 375,6 kilómetros, he llenado la mitad de mi credencial de sellos multicolores, y he ido solo casi todo el Camino. Mañana eso cambiará, Sahagún está lleno de peregrinos.




Por la tarde me doy un paseo por Sahagún, que tiene unas cuantas iglesias románico - mudéjares bastante impresionantes, y también tiene un montón de murales pintados con motivos jacobeos, para muestra este de Santiago y su caballo de color... ¿de qué color era? 😜




Mañana primera etapa por el Camino francés. Saldré hacia Mansilla de las mulas a toque de corneta... ¡Bueno, tampoco hay que tomárselo al pie de la letra!




Buen Camino.





domingo, 9 de octubre de 2022

Tierra de Campos

Hoy tengo por delante una "jornada de descanso". Cuesta creer tal cosa con 30 kilómetros por delante, pero comparado con las duras jornadas precedentes, esto parece un paseito. Me despido de mi hostal, que luce orgulloso el emblema jacobeo.



Y echo a andar por las calles de Medina de Rioseco, hacia el Canal de Castilla. Este canal fue una faraónica obra pública realizada en el siglo XVIII, para el transporte de mercancías entre la meseta y los puertos del Cantábrico. Con la aparición del ferrocarril nunca llegó a terminarse, pero aún quedan tramos navegables, reducidos ya casi exclusivamente a un uso turístico.

Hoy como la jornada es tan corta he salido un poco más tarde, justo antes del amanecer, lo que me permite ver salir el Sol ya caminando junto al Canal.



Y aquí la definición gráfica de "caminando junto al Canal".




El Sol se levanta sobre Tierra de Campos, y aunque mi móvil es chino (bueno, bonito, balato) hago lo que puedo para captar el momento.




Durante unos cuantos kilómetros no me separo del Canal, caminando por una senda preciosa que ya empieza a vestirse de otoño.




Voy completamente solo, claro está. Desde que me despedí de Soledad y mi tocayo en Santa María la Real de Nieva, no he vuelto a ver un solo peregrino. Pienso en Belén y lo poco que le gusta imaginarme andando solo por ahí, pero... error, no voy solo, os llevo a todos en mi mochila 🙂, y a ella en el ♥️. Además estoy seguro de que la cosa cambiará a partir de Sahagún.

Dejo por fin el Canal, y me aproximo a Tamariz de Campos. Por el Camino me encuentro a tres personas con un perrillo, el perro arranca hacia mí muy decidido pero de repente se da media vuelta y se refugia en sus dueños.

- ¡Anda, es la primera vez que tiene miedo de alguien!
- Será por la indumentaria...

El comentario me hace sospechar que voy hecho una facha, pero pasado el susto inicial el perrillo ya está a dos patas apoyado en mí buscando mimos. Se marchan y me desean "buen Camino", lo mismo que hace el conductor de una reliquia rodante que pasa junto a mí. Buen Camino y una sonrisa. No me hace falta más.

Aquí se ve una vieja ruina, y detrás la Iglesia de San Juan Bautista (o lo que queda de ella) en Tamariz de Campos 😄.




Y aquí se ven los estragos que produce el tiempo y la falta de riego, lo otro es un girasol seco 😁.




En Tamariz son muy suyos, y cada uno pone en su jardín lo que le da la gana. No todo van a ser enanitos de piedra.




Claro que esto lo debe dar la tierra, porque ayer en Medina había un cocodrilo bajando por la fachada 😄




De Tamariz voy hasta Cuenca. ¿Vaya salto, no? Pues no, Cuenca de Canpos, 11 kilómetros a través de... campos, no podía ser de otra forma. Por el camino vuelven las moscas, ayer con el viento se tomaron el día libre, pero hoy vuelven a la carga, pesadísimas. Algunas ya me suena su cara.

- Tú vienes conmigo desde Valseca.
- Bzzzz bzzz bzzzzzzz.
- Eso lo serás tú.

Llego a Cuenca (de Campos) y entro a un bar, para tomar una cocacolita (que diría mi hija Laura) y perder de vista a los asquerosos dípteros. Sello, y cuando salgo... el suelo está lleno de moscas posadas. Yo creo que me estaban esperando 🪰🪰🪰😡. Hago de tripas corazón y salgo de Cuenca por la Ermita de las ánimas.




Último empujón hasta Villalón (de Campos), cerca ya del pueblo veo este mojón de números redondos, ya llevo más de 300 kilómetros desde que salí de casa, hace 9 días y parece un siglo.




Por fin llego a Villalón, al llegar a mi hospedaje (una casa rural) me encuentro esto en la puerta.



La dueña, una simpática gerundense afincada en esta tierra (de Campos) ha tenido que salir, así que me hace de guía telefónicamente:. "detrás del portón verás un cubo, dentro hay unas llaves. Abre la puerta...". Así me va guiando hasta mi habitación, añadiendo un puntito de misterio a mi alojamiento de esta noche. Que por lo demás, es de lo más cuco.



Y por hoy ya está, al final han sido 30k hasta la Plaza mayor de Villalón, en la que se empiezan a ver las primeras nubes. Ya era hora, porque estoy del veroño hasta... No lo digo, lo dejo para los amantes de la rima fácil.




Y mañana, Sahagún. Se termina el Camino de Madrid y empieza el francés. Que ganas... 😊

Buen Camino.










sábado, 8 de octubre de 2022

No son molinos...

Le he cogido el gusto a salir de noche. Es la única manera de poder llegar a destino a una hora admisible en estas etapas tan largas, y la de hoy es XXXL. Así que empaqueto mis bártulos y a las 7 en punto estoy en la calle. En cuanto salgo de Simancas tengo que encender el frontal. Mi mundo se reduce a ese círculo de piedras que apenas alcanzo a sacar de las sombras. Pienso que esta noche también se está corriendo el Gran Trail de Peñalara, allí está mi amigo Miguelón batiéndose el cobre, y ahora mismo estará viendo un círculo no muy diferente de este. Distintas manifestaciones de la misma locura 😄.




Afortunadamente pronto las tinieblas se baten en retirada, y con las primeras luces del alba y la banda sonora de unos cuantos gallos entro en Ciguñuela, el primer pueblo de hoy. Me indican la buena dirección a todo lujo:




Y es que Ciguñuela es un Señor Pueblo, con una iglesia que tiene una pedazo de torre que es como un faro, casi se veía desde Simancas.




Pero sí, mucha torre y mucho pueblo pero es sábado por la mañana y no veo ni al tato. Solo los gallos insistentes y unos mastines que me dan un ladrido de compromiso y luego me siguen a lo largo de la cerca, moviendo el rabo y con cara de "juega con nosotros". Y me acuerdo del Gordo.




Ciguñuela va quedando atrás mientras el sol se despereza.




Sigo caminando a buen paso, pero no tan bueno como ayer. Llevo unos días duros y las piernas están cansadas, decido no forzar, esto no es una competición, cuando llegue, habré llegado. Además hoy el terreno tiene algunos subibajas. En uno de ellos aparece el segundo pueblo de hoy, Wamba. Pocos pueblos podrán presumir en España de llevar el nombre de un rey, el visigodo Wamba.


En Wamba hay una iglesia antigua y preciosa con osario incluido, pero no abre hasta las 11 y a mí me faltan diez para las diez, así que sigo Camino.



La salida de Wamba es un repecho considerable, que subo bufando. Un ciclista me pregunta si todo va bien, le respondo que "brftxghhhargh!", él lo toma como un sí y me desea buen Camino.

Y el Camino discurre por campos inmensos (no en vano esta es Tierra de Campos) sembrados de aerogeneradores. Y como hoy sopla bastante aire (lo que ¡gracias a Dios! aleja a las moscas), los monstruosos aparatos están a pleno funcionamiento. El zuuum - zuuuum - zuuuum de sus aspas me acompaña gran parte del día. 

Por fin aparece a la vista Peñaflor de Hornija. Lo de la flor no sé de dónde viene, pero lo de la peña sí, hay que bajar a una hondonada y luego subir al pueblo, caray con la subidita. Paso junto al bar del pueblo, donde sello, y al salir del pueblo me llama la atención esta reja que parece sacada del medievo. 



Vuelta a recorrer kilómetros y kilómetros entre aerogeneradores con su zumbido, me van a volver loco estos cacharros. "Son molinos" dice una voz en mi cabeza. ¿Molinos? ¡Bien se ve que no estás versado en asuntos de caballería, que no son molinos, sino gigantes con los que pienso entrar en fiera y descomunal batalla!




Perdón, perdón, no sé que me ha pasado... 😄 Bebo un poco, porque creo que se me está secando el cerebro, y sigo adelante. Castromonte me recibe con este precioso mural.



Voy bastante atufado, así que me paro en la plaza del pueblo a la sombra de un castaño a recuperar el resuello, quitarme las zapatillas, estirarme un poco... Y vuelta a caminar. Qué ganas tengo de llegar. Y otra vez campos de moli... de aerogeneradores, para combatir la monotonía doy palmas, canto otra vez... hasta que aparece Valverde de Campos, el último pueblo antes de llegar a destino. Bonito pueblo desde lejos...



Y desde cerca, al lado de su cuca iglesia hay una escultura al peregrino. Lo malo es que es lo único con forma humana que veo en el pueblo, hasta el bar está cerrado con lo que mi plan de hacer una parada con avituallamiento se va al garete.




No me queda otra que seguir del tirón hasta Medina de Rioseco, final de esta etapa. Son las tres de la tarde y tengo mucho calor, pero no me queda otra. Finalmente Medina aparece a la vista, este es el mojón que jalona la senda que lleva hasta el pueblo, 424 km. a Santiago. Aún.




Final de etapa, han sido 46,9 kilómetros de caminata. Tomo posesión del hostal, me ducho y consigo, a pesar de lo tarde que es, que me sirvan en un bar cercano un bocadillo de lomo con pimientos que me sabe a gloria.

Por hoy ya está, mañana... menos 😀. Una etapita de 28/29 km, eso me lo hago yo con la gorra.

Buen Camino.




viernes, 7 de octubre de 2022

It's a long way...

Hoy vuelvo a salir de noche, la jornada que tengo por delante es de aúpa. No son ni las siete cuando bajo de mi habitación. El bar del hostal ya está abierto, lo que aprovecho para pedir un café. El "hostalero" me dice "¿Estás haciendo el Camino?". No sé cómo ha podido darse cuenta, salvo por pequeños detalles como ir vestido de mamarracho y llevar una mochila de 7 kilos a la espalda con una concha de vieira colgando, creo que paso completamente desapercibido 😅. El caso es que el hostalero ya lleva unos cuantos Caminos a sus espaldas, y parece que todos los peregrinos nos morimos de ganas de contarlo. Charlamos un rato mientras me tomo el café con un bizcocho, y a la hora de hacer cuentas me dice "al desayuno te invito yo" 🙂. Luego me da unas precisas indicaciones del mejor camino para ir a Alcazarén, se lo agradezco, me despido y me marcho. Peeeero, una vez en la calle el maps me dice otra ruta, y decido que San Google es más listo que mi hostalero. Error. Cuando llevo andando un kilómetro, veo que me está llevando de cabeza a una carretera, pretende que vaya 9 kilómetros de noche por el arcén. Ni de coña. Así que me la envaino, doy media vuelta con las orejas gachas y hago caso al hostalero. Lección aprendida, pero me estaré acordando de esos 2 kilómetros de más todo el día.

Por el camino que me ha indicado, el día se va abriendo paso, iluminando un paisaje que parece no haber cambiado en décadas.




Camino a buen paso, aunque noto las piernas un poco resentidas de ayer (no sé por qué). Sigo atravesando pinares infinitos mientras el cielo va vistiéndose con las galas de un nuevo día.




Y al filo de las nueve de la mañana, llego a Alcazarén. Pongo mi cara de madurito interesante para la foto 😄.




Aquí quiero conseguir el primer sello del día, y me toca dar unas cuantas vueltas para conseguirlo, sigo añadiendo distancia extra como si no fuera suficiente con la prevista 🤦.

Salgo de Alcazarén con destino a Valdestillas, 16 kilómetros nuevamente entre pinares. Veo correteando dos parejas de ciervos jóvenes, pero son demasiado rápidos y asustadizos para que consiga fotografiarlos. Lo que sí fotografío a mitad de recorrido es el curioso "monumento" que los vecinos de Matapozuelos han hecho a los peregrinos. Para mí es más valioso que si fuera de mármol, por la sencillez y el cariño que le han puesto 🥰.



Y por fin, Valdestillas. A estas alturas ya me estoy cociendo en mi propio jugo, y se ve que el suculento olorcillo ha vuelto a atraer a mis archienemigas las moscas. Yo creo que son las de ayer con refuerzos.




Desde Valdestillas a Puente Duero (9 kilómetros) no voy a decir más que tres palabras: calor, sol y moscas. Tramo para olvidar, sin una triste sombra en todo el recorrido. Se me hace eterno, y para entretenerme canto ( ya os lo dije). Pero nada de canturrear entre dientes, no. A pleno pulmón 😅. Estoy mas solo que la una así que me lo puedo permitir, canto Libre de Nino Bravo (espanto a un par de conejos), Un velero llamado Libertad de Perales (una urraca grazna despavorida) y ya me vengo arriba y ataco el inglés, con A long way to Tipperary, porque la letra me viene al pelo por lo del largo camino y la chica más dulce que conozco (sí, TÚ):

It's a long way to Tipperary
It's a long way to go.
It's a long way to Tipperary
To the sweetest girl I know!
Goodbye Piccadilly
Farewell Leicester Square!
It's a long long way to Tipperary
But my heart's right there.

Afortunadamente para la música, dejo de destrozar canciones porque por fin llego a Puente Duero, como su propio nombre indica ya estoy al borde del río Duero que cantó Gerardo Diego, cantando siempre el mismo verso pero con distinta agua.



Un empujoncito más y llego a Simancas, final de mi etapa de hoy. Aquí me las prometo muy felices en el puente que accede a Simancas:




Pero, Simancas está edificada en lo alto de un cerro y tengo que subir un costalón importante. ¡Último esfuerzo!




Se acabó por hoy. Entre unas cosas y otras, la broma se ha ido a 45k 😱. Por la tarde me doy un paseo por esta bonita villa, y no puedo dejar de contar la Leyenda sobre el origen de su nombre. Parece ser que allá por el siglo IX, los reinos cristianos pagaban tributos a los poderosos musulmanes de Al-Andalus. Entre estos estaba entregarles cien doncellas, que "reclutaban" entre las diversas villas y ciudades del reino. Hasta que le tocó el turno a  Simancas, y eligieron a siete doncellas, pero ellas, ni cortas ni perezosas, se cortaron una mano 😨 en señal de protesta y para no ser entregadas a los moros. En recuerdo de la bravura de estas siete mancas (Septi mancas) tomó su nombre la localidad.




Sea verdad o no, el caso es que a lo largo de los siglos las mujeres han pagado el pato, o la mano.

Mañana ¿más? Por ahí andará...

Buen Camino.


jueves, 6 de octubre de 2022

Platero y yo

Son poco más de las 7 de la mañana. Aún es noche cerrada cuando salgo del hostal. Tengo una larga jornada por delante y hay que aprovechar el tiempo. ¿Soy el único lunático que camina a estas horas al lado de la carretera siguiendo el círculo de luz de su frontal? No, veo delante de mi dos siluetas inconfundibles. Los llevo viendo desde Tres Cantos, son Soledad y mi tocayo Jorge, buena gente. Hasta ahora hemos ido coincidiendo intermitentemente, pero sé que hoy les digo adiós, su ritmo es otro. Nos estrechamos las manos con un poquito de pena, nos deseamos "Buen Camino", y "que lleguemos todos a Santiago". Y ya estoy caminando solo (es un decir, os llevo a todos en la mochila 🙂). Atravieso Santa María la Real, y en seguida llego a Nieva, que está apenas a 2 kilómetros. Llevo buen ritmo, esta noche he descansado bien y se nota. Las piernas responden y la tibia duerme, no la despertemos. Poco a poco el mundo se va llenando de luz. Apago el frontal y veo el primer mojón, 187 kilómetros a Sahagún. Todavía.




Estamos en Tierra de pinares, así que el camino va... Premio, por un pinar. Miles de pinos resineros contemplan, altivos e indiferentes, el solitario paso de este peregrino. El día ya ha roto del todo cuando salgo del pinar y llego a Navas de la Asunción, primer pueblo grande del día. Paro lo justo para sellar y sigo adelante. En una pared me encuentro este curioso caballero mirando fijamente su teléfono, quién sabe si leyendo algún blog del Camino 😄.



A la salida del pueblo, me recuerdan que lo de Sahagún está muy bien, pero EL objetivo aún está lejos... Pero un poquito menos con cada paso que doy. Y doy muchos, os lo aseguro.




Me interno ahora en una zona de cultivos, igual que ayer es una tierra yerma y de cultivos agostados y secos, pero la vida y la belleza siguen ahí, solo esperan que sepas verlas...




Y vuelta a los pinares (son la estrella de hoy), caminos infinitos pero perfectamente señalizados.




Paso junto a una finca. Tras una reja, hay un burro. Me paro junto a los barrotes, y el animal camina hasta ellos y me mira, le acaricio el morro, las orejas, el buen bicho se deja hacer.





Imposible no acordarse de Platero viendo sus ojos negros:

Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.

Yo creo que el animal me ha reconocido como uno de los suyos, porque a burro no me gana nadie 😆. Dejo al burrito y sigo caminando, con la sonrisa que pintan en la cara las cosas sencillas. Al poco llego a Coca, donde incluso los portales de las casas quieren indicarnos el Camino.




Me refresco en la Fuente de los cinco caños. Según una leyenda, si bebes del caño del medio acabarás casado. Como si yo me volviera a casar lo haría con la misma ♥️, bebo sin temor del caño encantado. Luego me fijaré en el cartel de arriba, "agua sin garantías sanitarias", mira que bien, corriendo riesgos. Como al casarse 😄.




Salgo de Coca y pongo rumbo al destino final de esta etapa, Pedrajas de San Esteban. Son ¡Dieciséis! kilómetros de pinar, sin más compañía que... las moscas. Ya ayer hicieron de las suyas, pero hoy son multitudes de moscas, enjambres de moscas, miríadas de moscas. Creo que apenas me han faltado dos o tres moscas para llegar a la categoría de plaga bíblica. Manoteo desesperado para sacármelas de encima, pero es un esfuerzo inútil.




Lo que no es un esfuerzo inútil es mi caminar. Con cierto adelanto sobre el horario previsto (hoy se me ha dado bien), entro en Pedrajas de San Esteban, primer pueblo de la provincia de Valladolid, al filo de las dos y media de la tarde. 40,5 km en poco más de siete horas. Y mañana... sí, mañana, más 😅.

Buen Camino.


Ultreia

Empieza mi último día en el Camino. Y empieza pronto, a las cinco y media estoy despierto con los ojos como platos. Me invade el cuerpo una ...