Dicen que cuando el escritor romántico francés Stendhal visitó Florencia, las maravillas de la ciudad le trastornaron hasta el punto de empezar a sentir ahogos, palpitaciones, mareos... Es lo que en psiquiatría se conoce como el Síndrome de Stendhal: una sobredosis de belleza. Y yo hoy no he padecido este síndrome porque soy un tragaldabas que me trago toda la belleza que quieran darme, pero a puntito he estado.
Empiezo el día como cualquier otro, me levanto, recojo, y bajo a desayunar. Pero cuando pongo el pie en la calle, veo a todo el mundo parado mirando el cielo.
Me cuesta horrores irme de allí, tengo que obligarme a empezar a caminar. Pero la belleza me persigue. En cada recodo del Camino.
Camino, sigo caminando como flotando por estos montes que empiezan a vestirse de otoño, y tardo un poco en volver a la realidad. Llego a la aldea abandonada de Manjarín, donde peregrinos del mundo entero han dejado una señal con la distancia que les separa de casa.
A mí no me separa más que una llamada de teléfono. Una videollamada en la que mi sobrina Marta comunica formalmente a toda la familia que va a ser mamá 🤗. Que noticia tan hermosa en un día tan hermoso. Belleza.
Llego a El Acebo, primer pueblo de El Bierzo. Desde el mirador del primer banco del Bierzo (debe ser el First Bierzo's Bank 😄) se ve el mar de nubes que cubre el fondo del valle. Pura belleza.
Al poco llego a Riego de Ambrós. Otro pueblito berciano, casas de piedra y madera, talladas por los hombres y el tiempo. Rústica belleza.
Inicio un descenso pronunciado, el Camino se ha convertido en una preciosa senda de montaña, que termina llevándome a Molinaseca. Según reza el cartel de la entrada, "uno de los pueblos más bellos de España". Y la verdad es que lo es, se apreciaría mejor si no fuera por el pesao este que se empeña en salir en las fotos 😝.
Ya se ve Ponferrada a lo lejos, antes aún pasamos por otro pueblo, Campo de Ponferrada. Alguna de sus casas aún tiene en su fachada un escudo de armas, y aunque el portón cegado da fe de su ya perdido esplendor, aún conserva orgullosa su antigua belleza.
Por fin Ponferrada, el puente sobre el Sil me guiña su único ojo, en un gesto de casquivana belleza.


















Sobrecogedora imagen la primera de todas, Jorge, con ese telón morado que es a la vez amenaza y promesa de liberación. Si no fuera porque sabemos que eres tú el fotógrafo, se diría que es un montaje. Disfrútalo, y sigue contándolo...
ResponderEliminarVaya cielo, algo perturbador!
ResponderEliminarYa veo que lo de las piedras era un poco mas alla, pues si que hay pecados, a este paso superara al Everest.
Buen Camino!
¡qué belleza realmente! Precioso el cielo, nunca lo había visto así, y menos sobre mi cabeza, a ver si algún día tengo esa suerte. Debió ser impactante, desde luego. ¡Qué bonita jornada, caminante en paz!
ResponderEliminarHe encontrado un blog que cree hace unos años y pruebo a escribir desde aquí y no como anónimo:
ResponderEliminar¿Qué es la belleza?
Dices mientras pones fotos
de amaneceres con grandeza
¿Qué es la belleza?
y tú mismo te respondes:
un botillo con cerveza
Buen camino, peregrino.