How do I love thee?
Let me count the ways...
Elizabeth Barrett Browning
Hoy es un día muy, muy especial en mi Camino. ¿Por haber llegado a León, por llevar más de 400 kilómetros...? Noooooo. Hoy es un día especial porque...
No adelantemos acontecimientos. Hoy estaba marcado en rojo en el calendario como día de "fiesta", pues el paseo hasta León cifra la irrisoria cifra de 18 kilómetros. Así que me lo he tomado con tranquilidad. Nada de poner despertador, me he levantado tranquilamente, he desayunado como un señor en la Casa Rural, me he puesto mis galas de Caminante y he echado a andar.
Mi casera me ha indicado la mejor senda para reincorporarme al Camino. Esta vez he hecho caso (lección aprendida de Pedrajas, ¿recordáis?) Y ha sido todo un acierto. Una senda preciosa entre fresnos, con olor ya a los caminos del Norte.
Pronto me incorporo a la ruta en Villamoros de Mansilla, aquí hasta el buzón de correos es parte del Camino.
Me siguen encantado los mensajes de ánimo que la gente escribe en las señales, aquí (junto al legendario "Fuck you blisters" medio borrado en la esquina inferior derecha 😄), nos invitan a encontrar alegría en la vida cotidiana. Lo que me voy a ahorrar en libros de autoayuda 😁.
Hoy voy paseando al ritmo más pausado que soy capaz. Hasta me adelanta algún peregrino poco antes de llegar, en un repente, a Puente Villarente que, dejad que os comente, tiene un puente imponente que ahora aparece silente y vacío de gente.
Voy despacito porque no tendría mucho sentido llegar a León a las 12, y no poder entrar al Hostal hasta las dos. Así que en el siguiente pueblo, Arcahueja, me tomo un cafecito tranquilamente y sello. A la salida, no puedo dejar de pararme a contemplar como, por muy difícil que se ponga la cosa, la vida es tozuda para salir adelante.
Sigo caminando, nos toca subir un repechín, y al llegar arriba ya se ve León. Y a la derecha, tras de una colina, la silueta de la Catedral se muestra ante mis ojos. Me paro a hacer la foto, y les digo a un grupito de cuatro peregrinos que van justo detrás "ya se ve la catedral". Todos sonreímos, y diría que el corazón nos late un poquito más deprisa.
De puente a puente, como si fuera el Parchís, entro en León por el barrio de Puente Castro, que no se libra del selfie de rigor, aunque éste suponga dejar patente el triste estado de mi rala cabellera.
Y por fin, León. Más de 400 kilómetros recorridos, aún un poco más de 300 por delante. Aquí, frente a la casa Botines de Gaudí, debería acabar la historia de hoy...
Pero cuando llego frente a la Catedral (¡qué momento!), y mientras merodeo por la plaza después de sellar, veo una silueta... No puede ser. El caso es que... ¡Coño! (con perdón) ¡Que sí que es! ¡¡Es Belén!! Me voy hacia ella como náufrago que ve un bote salvavidas, su sonrisa de oreja a oreja es como un faro. Como ya sois todos mayorcitos, os ahorraré la parte de besos, abrazos y arrumacos, lo que os imaginéis multiplicadlo por dos ♥️.
Y entenderéis que, ahora sí, termine por hoy.
¿Cómo te amo?
Déjame contar las maneras...
No he encontrado los tres rombos,
ResponderEliminar¡Qué bien que encontraras tu Camino! 🥰
ResponderEliminarAhora será muy fácil llegar hasta Compostela 🎒🥾
¡Hala, qué sorpresa! No esperaba el final. Al comienzo del relato no me sonaba a tu forma de escribir; me digo: ¿se lo habrá escrito otra persona? Ayer tuviste muchas cosas buenas como esa pausa de café, esos puentes tan bonitos, esos olores y ya no digo el final, caminante en paz.
ResponderEliminarMenuda sorpresa la de Belén!!! Seguro que has cargado las pilas¿o no? 😍
ResponderEliminarYa no soy "Anónimo" 😉
ResponderEliminareso debe ser amor, seguro. Buen camino amigo
ResponderEliminarAhora entiendo la cortedad de la etapa, era para compartir unas horas con Belen. Seguro que con ella Leon te habra gustado mas que yendo solo ;)
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