sábado, 8 de octubre de 2022

No son molinos...

Le he cogido el gusto a salir de noche. Es la única manera de poder llegar a destino a una hora admisible en estas etapas tan largas, y la de hoy es XXXL. Así que empaqueto mis bártulos y a las 7 en punto estoy en la calle. En cuanto salgo de Simancas tengo que encender el frontal. Mi mundo se reduce a ese círculo de piedras que apenas alcanzo a sacar de las sombras. Pienso que esta noche también se está corriendo el Gran Trail de Peñalara, allí está mi amigo Miguelón batiéndose el cobre, y ahora mismo estará viendo un círculo no muy diferente de este. Distintas manifestaciones de la misma locura 😄.




Afortunadamente pronto las tinieblas se baten en retirada, y con las primeras luces del alba y la banda sonora de unos cuantos gallos entro en Ciguñuela, el primer pueblo de hoy. Me indican la buena dirección a todo lujo:




Y es que Ciguñuela es un Señor Pueblo, con una iglesia que tiene una pedazo de torre que es como un faro, casi se veía desde Simancas.




Pero sí, mucha torre y mucho pueblo pero es sábado por la mañana y no veo ni al tato. Solo los gallos insistentes y unos mastines que me dan un ladrido de compromiso y luego me siguen a lo largo de la cerca, moviendo el rabo y con cara de "juega con nosotros". Y me acuerdo del Gordo.




Ciguñuela va quedando atrás mientras el sol se despereza.




Sigo caminando a buen paso, pero no tan bueno como ayer. Llevo unos días duros y las piernas están cansadas, decido no forzar, esto no es una competición, cuando llegue, habré llegado. Además hoy el terreno tiene algunos subibajas. En uno de ellos aparece el segundo pueblo de hoy, Wamba. Pocos pueblos podrán presumir en España de llevar el nombre de un rey, el visigodo Wamba.


En Wamba hay una iglesia antigua y preciosa con osario incluido, pero no abre hasta las 11 y a mí me faltan diez para las diez, así que sigo Camino.



La salida de Wamba es un repecho considerable, que subo bufando. Un ciclista me pregunta si todo va bien, le respondo que "brftxghhhargh!", él lo toma como un sí y me desea buen Camino.

Y el Camino discurre por campos inmensos (no en vano esta es Tierra de Campos) sembrados de aerogeneradores. Y como hoy sopla bastante aire (lo que ¡gracias a Dios! aleja a las moscas), los monstruosos aparatos están a pleno funcionamiento. El zuuum - zuuuum - zuuuum de sus aspas me acompaña gran parte del día. 

Por fin aparece a la vista Peñaflor de Hornija. Lo de la flor no sé de dónde viene, pero lo de la peña sí, hay que bajar a una hondonada y luego subir al pueblo, caray con la subidita. Paso junto al bar del pueblo, donde sello, y al salir del pueblo me llama la atención esta reja que parece sacada del medievo. 



Vuelta a recorrer kilómetros y kilómetros entre aerogeneradores con su zumbido, me van a volver loco estos cacharros. "Son molinos" dice una voz en mi cabeza. ¿Molinos? ¡Bien se ve que no estás versado en asuntos de caballería, que no son molinos, sino gigantes con los que pienso entrar en fiera y descomunal batalla!




Perdón, perdón, no sé que me ha pasado... 😄 Bebo un poco, porque creo que se me está secando el cerebro, y sigo adelante. Castromonte me recibe con este precioso mural.



Voy bastante atufado, así que me paro en la plaza del pueblo a la sombra de un castaño a recuperar el resuello, quitarme las zapatillas, estirarme un poco... Y vuelta a caminar. Qué ganas tengo de llegar. Y otra vez campos de moli... de aerogeneradores, para combatir la monotonía doy palmas, canto otra vez... hasta que aparece Valverde de Campos, el último pueblo antes de llegar a destino. Bonito pueblo desde lejos...



Y desde cerca, al lado de su cuca iglesia hay una escultura al peregrino. Lo malo es que es lo único con forma humana que veo en el pueblo, hasta el bar está cerrado con lo que mi plan de hacer una parada con avituallamiento se va al garete.




No me queda otra que seguir del tirón hasta Medina de Rioseco, final de esta etapa. Son las tres de la tarde y tengo mucho calor, pero no me queda otra. Finalmente Medina aparece a la vista, este es el mojón que jalona la senda que lleva hasta el pueblo, 424 km. a Santiago. Aún.




Final de etapa, han sido 46,9 kilómetros de caminata. Tomo posesión del hostal, me ducho y consigo, a pesar de lo tarde que es, que me sirvan en un bar cercano un bocadillo de lomo con pimientos que me sabe a gloria.

Por hoy ya está, mañana... menos 😀. Una etapita de 28/29 km, eso me lo hago yo con la gorra.

Buen Camino.




2 comentarios:

  1. Mamamía, vaya etapones!! y eso de llegar a un pueblo sin bar abierto. Ha debido ser una etapa muy dura, con los pseudo molinos y demás

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  2. Cuando acabes el Camino podras hacer un buen album de fotos, tienes buen ojo, peregrino (y un brazo muy largo para los selfies).

    Buen Camino!

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