... el aire abrasa. Hoy el calor ha pegado duro. Ya desde la salida, se veía que el otoño se había tomado vacaciones, no hacía ni pizca de frío. He ido desde mi casa por una noche hasta volver a coger el Camino, casi 4k de propinilla, pero no nos vamos a poner exquisitos por unos kilómetros más o menos. Mi sombra alargada se proyecta sobre unos álamos cantores.
Me hago un pequeño lío para salir de Tres Cantos, pero finalmente engancho la ruta. Los mojones me anuncian, como cantos de sirena, que cada paso me acerca a Santiago...
Durante gran parte del Camino, voy viendo a lo lejos, como un faro, la torre de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Colmenar Viejo, allá en lo alto. Y tan alto, las cuestas no se acaban nunca y sudo como pollo en asador, pero finalmente llego hasta ella. Aquí aún tengo cara de "qué paliza más tonta" 😄
Entro en el templo, precioso, donde una silenciosa y sonriente empleada me sella la credencial y me regala una estampa de la Virgen de la Asunción. La beso (a la estampa, no a la empleada) y salgo afuera, donde, oh sorpresa, me encuentro a dos de los peregrinos de ayer. Charlamos un rato "te hacíamos ya en Cercedilla", les aclaro que ayer iba deprisa porque llegaba tarde a comer, y con esas cosas no se juega. Repongo agua en una fuente y salgo de Colmenar, ante mis ojos aparece toda la Cuerda Larga del Guadarrama. Pienso en que pasado mañana estaré al otro lado.
Y como se ve, un cielo azul, un camino polvoriento, y ninguna sombra. La Tormenta perfecta para cocerme en mi propio jugo. Menos mal que, pasado el puente medieval, Belén me hace una videollamada y me distrae un poco del chisporroteo que hace mi piel al asarse. El camino desde el puente hasta Manzanares es una continua cuesta arriba, que parece que no se acaba nunca hasta que se hace un giro y ¡voilá! Manzanares a la vista. Me paro a recuperar el resuello junto a este grafiti del último rebelde 😄
Y por fin, Manzanares el Real, la tontería de hoy se ha ido a 29k y pico. Tomo posesión de mi alojamiento, me ducho y salgo a comer. Como era de esperar al ser domingo, está todo de bote en bote, así que tengo que olvidarme de los restaurantes fetén y buscar algo más sencillo. Encuentro un asador de pollos turco (viva la globalización) donde calmo mi hambre y no digo más, porque cuando no hay nada bueno que decir es mejor el silencio. Siesta, y por la tarde paseo por el pueblo, con la imponente presencia del castillo de los Mendoza dominándolo todo.
La caida del sol me regala la vista de La Pedriza y el Yelmo bañados en oro.
Después de cenar (dos trozos de pizza sin tanto glamour como ayer), una última mirada al castillo.
Y para acabar por hoy (que ya es hora), cuando tomé un café a media tarde en una terraza frente a la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, el sobrecito de azúcar me regaló esta frase entre graciosa y solemne:
Que inevitablemente me trajo a la memoria una poesía del gran Mario Benedetti: Hagamos un trato.










¡qué bonito poema! tú puedes contar conmigo, como te dije, a tu lado, ¿no me ves aún? pues ahí estoy, como compañero en tu caminar.
ResponderEliminar"No respeto más autoridad que mi Mamá" 8)
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