Llevo oyendo llover toda la noche. Esto tenía que llegar, no puede uno pretender hacer el Camino en octubre e irse de rositas. Así que hoy me preparo a conciencia. Sobre mi vestimenta habitual, coloco un sobrepantalón impermeable Quechua NH500 y mi chubasquero técnico Raidlight con membrana R-Light MP+ de 2 capas que me mantendría seco aunque me hundiera con el Titanic. Coloco a su vez la funda impermeable de la mochila. Chequeo mi imagen en el espejo. Perfecto.
Pongo el pie en la calle. No cae una gota. 🤬🤬🤬. A pesar de todo, decido mantener el disfraz porque en cualquier momento puede volver a llover. Echo a andar aún de noche sobre la carretera mojada, pronto llego al vecino Vega de Valcarce.
Cuando llego a Las Herrerías, ya asoma el día y cruzo el puente sobre el Valcarce. Pienso que ese puente lleva viendo pasar peregrinos cinco siglos, que se dice pronto. Y ahora soy uno de ellos.
A partir de Las Herrerías, la cosa se pone seria. La pendiente se acentúa, y pronto empiezo a sudar la gota gorda dentro de mi sobrenosequé y mis dos membranas. Pongo buena cara para el selfie porque soy un profesional del engaño y el postureo, pero me estoy asando en mi propio jugo.
Paso por los últimos pueblos leoneses, La faba y La laguna de Castilla, y salgo del bosque camino ya del alto, mi cara lo dice todo.
Llamo a mi chica con una videollamada (cosas de los peregrinos del siglo XXI) para compartir con ella este lugar y este momento ♥️. Sí, somos así de empalagositos, ¿pasa algo 😜?
Tras una curva del camino, aparece un hito más grande que los demás. Galicia. Ya estoy en Galicia, y parece que ya casi puedo escuchar el tañido de las campanas de Santiago.
Pero aún queda mucha tela que cortar. Sigo ascendiendo a O Cebreiro, y empieza a soplar un viento fresco que hace que vuelva a colocar las capas de la cebolla pero en sentido inverso. Llego al alto, intento entablar conversación con una lugareña pero no hay forma, estas gallegas son de un callado...
En O Cebreiro me tomo un cafecito con un trozo de bizcocho, sello y sigo mi Camino. Durante unos kilómetros, estamos subiendo y bajando por bosques de cuento.
Y vamos atravesando pequeñísimos pueblos: Liñares, Hospital de condesa, Padornelo, Fonfría... donde selfie - man hace su agosto.
Pero no es oro todo lo que reluce. Desde que he pasado el puerto, me noto el tibial derecho muy cargado, y ahora está empezando a doler ☹️. Me preocupo porque aún quedan 10 - 12 kilómetros incluyendo la bajada fuerte a Triacastela, pero es lo que hay. Agarrar fuerte el palo y apretar los dientes. Intento no forzar nada en las bajadas y parece que no va a más.
A partir de O Biduedo, la bajada se acentúa. Y además se pone a llover con insistencia, como para no dejarlo. Pero el Camino sigue igual de hermoso:
Y yo sigo disfrutando a pesar de los pesares, los dolores y la lluvia. Con pasión.
Cerca ya de Triacastela, pasamos junto a este castaño, que lleva ochocientos años guardando el Camino.
Y por fin, Triacastela. Después de 35k, dolorido, empapado y feliz, estoy a menos de 140 kilómetros de darle un achuchón al Apóstol (y otro a Belén)






















Lo importante, peregrino, es que estás a tope de motivación y eso lo puede todo :)
ResponderEliminarVamossssss Pardi, en otras guerras luchastes y siempre triunfastes
ResponderEliminarVenga Sr. Alcalde, que con esa tira azulita tan mona, todo se pasa, y un buen paquete jamás abandona. Mucha suerte
ResponderEliminarEspectacular ese castaño y no el Selfiman ese. Menos mal que no entra el abogador, sino te iba a dar una clase magistral de los colores y su importancia en el taping.
ResponderEliminarMañana, tranquilito, eh!!!!!
ResponderEliminarjosito, o tu eres daltonico o lo soy yo, tira azulita? Yo la veo verde ;)
ResponderEliminarAnimo pardi que lo tienes a tiro.
Buen Camino!
¿Azulita? ¡A mí me la pusieron rosa! 😂
ResponderEliminarBonito relato y paisajes, siento lo del tibial pero me alegro de esos momentos tan buenos, incluido tu empalago con MDR. Sigue adelante, caminante en paz!
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